viernes, 28 de diciembre de 2007

El reverso de la foto de Jimmy

Pero soy un utópico incorregible. Y no puedo evitar seguir manteniendo en mi corazón y en mi horizonte Brighton, al lado del mar.
Y de momento, tal vez voy entre los glentlemen, pero un día cambiaré de compartimento y llegaré a un efervescente Brighton, donde entonces sí, aparecerá "The Real me"...

jueves, 27 de diciembre de 2007

La foto de Jimmy

Nunca he hablado de la foto que encabeza el blog. Quizá debí hacerlo en la entrada inaugural, pero en fin, me dio por presentarme de otra forma, sin caer en la cuenta que la foto era tal vez la mejor carta de presentación.

Como dije ya allí y probablemente muchos supieran ya, es un fotograma de la película Quadrophenia, que fue la versión cinematográfica de la historia que el compositor y guitarrista de The Who, Pete Townshend, ideó y narró en forma de canciones en el disco del mismo nombre.

En realidad, la película simplifica un poco la idea original de Townshend, puesto que en ella se cuenta la historia de Jimmy, un adolescente en búsqueda de sí mismo y sus peripecias, sin más. Townshend, concebía a Jimmy como un personaje compuesto de cuatro personalidades en permanente conflicto, de ahí el título "Qadrophenia" a los que además él identificó con cada uno de los miembros de The Who, asignando a cada uno un "tema musical", es decir un auténtico "leit motif" al estilo de Wagner en sus óperas (al que el propio Townshend reconoce que "robó" algunas notas de viento), que aparecen, desparecen y se entremezclan a lo largo de todo el disco.

Nada de esta "quadrophenia" aparece en la película, que por lo demás, no hizo ninguna gran aportación a la historia del cine, pero que se convirtió en toda una película de culto, sobre todo entre los "mods", puesto que es el movimiento o "tribu" en la que Townshend inscribió al personaje y aparece retratado en la película.

Pero volvamos a la foto. Ésta pertenece a un momento importante en la película. Jimmy, parecía haber encontrado cual era su lugar, su identidad: Era un mod. Sin embargo, últimamente todo le había estado saliendo mal y todo le había decepcionado. Su chica ahora andaba con un tipo que no era ni la mitad de "buen mod" que él, el trabajo le aburría, sus propios colegas de tribu, no parecían entender como él qué era ser un mod, en casa el ambiente era irrespirable...Así que Jimmy siente la necesidad de escaparse, y decide coger un tren y volver a Brighton, junto al mar, como aquel fin de semana algún tiempo atrás. Este es un lugar que Jimmy mitifica, porque allí, aquel fin de semana, él tuvo la sensación de encajar en algo, de saber quién era y qué tenía que hacer: Ser un mod. Y Brighton era la meca de los mods, con sus noches anfetaminadas bailando hasta el amanecer en algún club luciendo traje y coreografía, cientos de scooters y las peleas con los rockers.

La imagen, es del momento en que Jimmy está en ese tren a Brighton. Y es una imagen que a mí me resulta llena de contenido. No puedo evitar sentir cierta identificación con Jimmy en esa imagen, y por ello la escogí para encabezar un sitio en el que vuelco parte de mi "vida interior".
Ahí vemos a Jimmy, en su viaje de huída y búsqueda, con las manos en los bolsillos, ocupando el escaso espacio que le ceden dos típicos "gentlemen" de aire grave y altivo, uno de los cuales le mira con gesto entre despectivo y desconfiado. Eso es, dos bien establecidos caballeros flanqueando a un Jimmy que mira con intención desafiante pero en realidad temeroso, encogiendo los hombros por no ocupar más espacio del que le los gentlemen le dispensan, que parece sentirse como un extraño, como un bicho raro que no encaja en el compartimento del tren que le ha tocado.

¡Por qué me identifico con Jimmy en la imagen? Porque para mí es muy simbólica de la manera en que yo a veces me siento. Viajando en el mismo tren, incluso en el mismo compartimento que dos "hombres de provecho" ocupándose probablemente de cómo van sus negocios y asuntos en la prensa y que son paradigma de "lo que hay que ser", y sin embargo sintiéndome extraño entre ellos, como faltándome el espacio. Ellos viajando quizás a una importante reunión de trabajo, y yo en cambio con la mente puesta en otra cosa, viajando en busca de mi lugar propio, de mi "tribu", un símbolo, un "Dorado". Como Jimmy, buscando Brighton, junto al mar.

Cuando Jimmy llega a Brighton, descubre que allí no queda nada de lo que hubo, que no hay rastro de la frenética actividad juvenil de aquel fin de semana. Y su decepción con la vida se consuma cuando ve como su gran ídolo, el mod más mod y al que él más admiraba con la scooter más sofisticada y el traje más elegante, es un simple botones que descarga maletas de gente corriente en un hotel. Incluso los auténticos mods, le han decepcionado

Y esa es la metáfora que veo tan nítida en esa foto. Muchas veces, tengo la sensación de que la vida es un billete para un gran viaje, al mar,a Brighton. Pero ocurre que te encuentras en un compartimento en el que te falta el aire, el espacio, en que te sientes extraño entre gente respetable y que sabe cómo y para qué se viaja. Es decir, lo establecido y los modelos de vida "como Dios manda", representado en los gentlemen, en ocasiones parecen limitar mi espacio y resultarme ajenos, extraños. La vida, a veces, se me antoja un precioso traje que se me regala, tan bonito que ningún mod rechazaría, pero que sin embargo, no es de mi talla y no me permite bailar a gusto en el club...


Y si vamos más allá, puede que al llegar al destino, se encuentre que El Dorado, Brighton, no existe. Y que ser un mod es una estupidez porque en realidad acabas convirtiéndote en un simple botones, cargando con las maletas de los "gentlemen". Y quién sabe, a lo mejor acabas claudicando y pensando que aunque sea incómodo el traje de gentlemen, no lo es menos el de botones y con aquel, no cargas maletas. O...

¿O tal vez hay más salidas? ¿Puede ser una buena alternativa ser botones de día, y mod de noche? O, ¿hacemos un ejercicio de coherencia y honestidad y somos mods con todas las consecuencias y hasta el final, como termina haciendo Jimmy?

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Donantes...

He leído en el periódico que en la Conferencia de Donantes para la creación
del Estado Palestino, se han recaudado, o se ha adoptado el compromiso mejor dicho
de donar unos 7400 millones. Y Mazen, el Presidente de la Autoridad Nacional Palestinae
está muy contento y al parecer reina el optimismo.
Y yo digo, si el problema para la creación del famoso Estado era problema de dinero, ¿por qué
coño no lo han donado antes?
pero es que me da la sensación de que el problema, no es ese. Y me da también que los palestinos
tendrán su Estado, sí, pero un “Estado de Sitio” dentro del muro que a lo tonto a lo tonto, sigue
haciendo Israel.

El caso es que hay que resolver ese asunto ya. Que se desengañen, pueden dedicar todas las energías, servicios de inteligencia y ejércitos que quieran a combatir el terrorismo fanático islámico. Pero mientras exista el problema de Palestina, no hay nada que hacer. Porque los Bin Laden y compañía son unos bárbaros a los que el Islam, Palestina y todo les da lo mismo. Sin embargo ahí tienen un argumento, un tema al que los árabes son sensibles y que les hace justificar la guerra santa.
Pero si un día a ese conflicto se le da justa solución, estoy convencido que el terrosimo fanático dejará de tener apoyo popular, y perderá fuerza.

Es como aquí. Durante la dictadura, muchos no aprobaban el terrorismo de ETA, pero digamos que lo comprendían. Pero en cuanto la democracia se asentó, y ya no había en realidad opresión y situaciones injustas, el propio pueblo vasco entendió que ETA no tenía ningún sentido. Y ese fue el principio del declive de la banda.

Así es que por favor, resuelvan el problema y devuelvan a los palestinos lo que se les robó, y déjense de guerras e invasiones que no hacen más que crear nuevas legiones de terroristas.

lunes, 10 de diciembre de 2007

Modelos

Fernando Alonso ha firmado un contrato de dos años con Renault por unos 6000 millones de euros.
Si Renault puede pagarle eso a un tío, más lo que cuesta el coche (que a veces se estrella y hay que reparar), más lo que se gasta en investigación y desarrollo para mejorarlo, ¿cómo es posible que a veces chantajee a la Junta de Castilla y León con que se va al Este a fabricar coches para abaratar costes?

Y lo peor es que, ¡Al parecer Toyota le pagaba casi el doble!

Así es que luego no nos devanemos los sesos pensando en si la causa del fracaso escolar la tiene la LOU, la LOE, la LOCE o la que esté, los padres, el sistema o los profesores.
En mi opinión gran parte de la culpa la tienen los modelos de triunfadores que ven los chavales en los medios. No podemos pretender que a los chicos les interese Sócrates, Galileo o Martin Luther King. Lo que quieren es un kart, o un balón de fútbol, o un cuerpo de modelo...Porque además, los chicos no son tontos, y de acuerdo, los tres anteriores dejaron importantísimas aportaciones a la humanidad. Pero a los tres les mataron.

jueves, 29 de noviembre de 2007

Necesito un piano

Quiero un piano. Mejor dicho, necesito un piano.
Siempre he tenido uno, ahí en el salón. Todo un privilegio. Mis padres lo compraron hace muchos años, haciendo un pequeño esfuerzo económico. O mejor dicho, haciendo un pequeño sacrificio renunciando a otros caprichos que tenían pensados para ellos, al ver que yo parecía mostrar entusiasmo por las clases de música que comencé dos años antes.
Pero he aquí, que da la sensación de que ahora quieren cobrarse aquel sacrificio. Me explico:
Yo estoy a punto de comprar un piso. Ellos están haciéndose esa casa de retiro con la que llevan años soñando. Y aunque estaba yo contando con que entenderían y aprobarían que me llevara el piano a mi nuevo piso, resulta que no. Dicen que el piano se irá con ellos a su casa nueva y que estarán encantados de recibirme allí y escucharme tocar cada vez que quiera. Yo, ante semejante revés, llevo algunos meses de negociación, hago comentarios velados, consulto escalímetro en mano los planos de mi futuro piso justo después de comprobar el ancho del codiciado mueble en su presencia...pero lejos de conmoverles, su postura parece reafirmarse.

Su propuesta de ir a tocar a su casa no es una alternativa, sobre todo teniendo en cuenta que suelo aprovechar cuando no hay nadie en la actual para tocar, por lo que sería absurdo ir a su nueva casa a hacerlo, precisamente aprovechando que están ellos.
Así es que, me temo que tendré que comprarme uno. Porque, ¿para qué quiero una casa si no tengo un piano? Pero no tengo dinero. Siempre dije, cuando era muy joven (incluso más que ahora, ejem), que lo primero que haría cuando empezara a ganar mi dinero, sería comprar un piano de cola. Ingénuo de mí, entonces no pensaba que para ello primero hay que tener un sitio donde ponerlo. Y adquirir el sitio es precisamente lo que me impide comprar el piano.

Y es que el hogar materno no es el adecuado. Por dos razones: Una, que el sitio, a ser posible, mucho mejor si es propio. Y la otra, que todo el mundo sabe que las madres al menos de la generación de la mía para atrás, no dejan un solo centímetro cuadrado virgen, sobre todo en el salón. Siempre hay espacio para una plantita, un taburete, un taquillón, una mesita con cajas y ceniceros (en los que no se puede apagar los cigarros, claro), un revistero, un bonito ficus...
¿En mi habitación tal vez? Nunca tuve una propia. Las desventajas de compartir género con mi hermano. En muchas ocasiones desearía haber nacido hembra, como mi hermana. Entre otras cosas porque así tal vez habría entendido el estilo de decoración de mi madre, y...Quién sabe, quizás si hubiera nacido mujer ahora sería pianista...Pero esa es otra historia.

El caso es que necesito un piano. Pero no tengo dinero para comprarlo. Y cuando digo que lo necesito es que quiero decir que verdaderamente lo necesito. Es posible que no sumen más de cuatro las horas que en media le dedico a la semana , pero esas cuatro, son absolutamente vitales para mí. Y es que, hay determinadas cosas que no se pueden expresar con palabras, ni siquiera con las que el rico Castellano nos brinda. Y para esas cosas, Beethoven, Shubert o Chopin, sobre todo Chopin, no sé de dónde demonios las sacaban, pero escribían las palabras exactas. Y si no pudiera desahogarme de vez en cuando citando sus “versos” al piano, creo que yo sería peor y menos de lo que ya soy. Quien toque música por gusto, me entenderá.
Lo necesito, como el sexo, como el chocolate. Y discúlpenme lo prosaico del símil, pero creo que no está del todo mal para compensar lo...casi cursi que me quedó este último párrafo.

Y esto me ha hecho pensar acerca de mis necesidades, de las necesidades. Pienso por ejemplo en la carcajada, o la indignación, o el desprecio, o simplemente la extrañeza que podría provocar a alguien que yo diga que necesito un piano. ¿Qué pensaría un ama de casa viuda con tres hijos? ¿Qué pensaría un rico hombre de negocios? ¿Y un alcohólico? ¿Y un operario de una fábrica en China? ¿Y alguien recién abandonado por su mujer (que no tuviera piano y tocara, claro)? ¿Y un massai?
Y pienso en la pirámide de Maslow , y en la razón que tenía Marx al decir que son las condiciones materiales de vida y la organización económica las que moldean el espíritu, los gustos y las ideas, y no al revés.
Y por último, estoy pensando que no sé si debo agradecer a mis padres que hicieran aquel sacrificio, o echárselo en cara. Yo estaba feliz con mi melódica (mucho más barata) por aquel entonces. Sin embargo ahora...maldita sea, ahora necesito un piano.

Ahora bien, lo que de ninguna manera les perdonaré, es no haberme concebido hembra.Quizá entonces, aunque no hubieran comprado aquel piano, yo me hubiera terminado encontrando casual o fatalmente con uno, y quizás ahora no tendría que preocuparme de comprar un piano, porque sería pianista...Pero esa es otra historia.

http://es.youtube.com/watch?v=-i0MBuLGCOQ

lunes, 26 de noviembre de 2007

Aforismo 2


La Felicidad permanente y duradera es un absurdo, cuya persecución nos impide a veces estar atentos y percibir lo único que en realidad existe: Relativamente breves y esporádicas felicidades.
Y si tal Felicidad existe, sospecho que no consiste en otra cosa que en la dosificación justa entre llevaderas penas y reparadoras felicidades. En suma, en estar vivo.

martes, 6 de noviembre de 2007

EL FINAL


Ambos cumplían años ese mes, acabando ya el invierno. Así es que una noche se citaron, y se intercambiaron sus regalos. Se echaron a reir al comprobar que el uno le había comprado al otro exactamente el mismo libro. Una prueba más de la complicidad que de repente había nacido entre los amantes...Ellos, que jamás sospecharon que se verían en semejante situación, felicitándose su cumpleaños abrazados, y despidiéndose con un beso puesto que allí donde estaban, nadie les veía. Igual que aquella primera noche, semanas atrás, cuando todo empezó, con otro abrazo y otro beso a hurtadillas.

Y después de aquella vez primera, y de la noche de los regalos, hubo algún encuentro más. No muchos, pues parece que los dioses se divertían jugando con ellos y desbaratando sus planes, y mientras Afrodita les encendía el corazón, Apolo llenaba de prudente temor sus cabezas...Pero entre cada momento a solas, aunque no se tuvieran, había gestos, miradas que se encontraban, palabras cifradas, fugaces y disimulados contactos entre sus manos, sus rostros...Y mientras, habían empezado a imaginar un plan. Un plan, con el que quizás conseguirían burlar a los caprichosos dioses.

Decidieron que, aunque fuera por un día, tenían que huir de aquel lugar, lleno de pasado, tan pesado pasado. Lleno de impertinentes miradas, de viciados sitios...lleno de realidad que nada tenía que ver con su bello sueño. Un lugar que con frías y gruesas cadenas les mantenía siempre cerca del suelo, impidiéndoles hacer lo que ellos mejor sabían hacer , lo que ellos más deseaban hacer...Volar.

Y llegó el día pactado para llevar a cabo el plan. Durante días habían estado preparando todo: cúando cómo y dónde se irían, dónde dirían a todos que se irían...Y a primera hora de la tarde de un Sábado, cogieron el coche y se marcharon, a una pequeña ciudad cerca de las montañas. La Primavera ya estaba avisando de que era su turno, y la tarde era preciosa. El cielo era de un intenso azul, especialmente azul, y se extendía infinito por todas partes. Los amantes solo podían ver horizonte alrededor de ellos, y tenían una sensación tan intensa de libertad...Y ellos respiraban tranquilos y felices aquella libertad, como el más puro de los aires, tan puro como el cegador blanco del abrigo de ella. Y por fin a lo lejos, comenzaron a adivinar las montañas. Las cumbres desde las que habrían de lanzarse por fin, sin miedo, a volar.

Dejaron sus cosas en la habitación del modesto pero encantador hotel en que se alojarían. Y sin más preámbulos salieron a pasear de la mano por ese nuevo sitio, en que nadie les miraba, en que a nadie parecía importar quiénes eran. Cenaron, bebieron, poco menos que se emborracharon, se rieron, charlaron...Ella parecía quedar hipnotizada por la manera en que él hablaba de cualquier cosa. Y él, se sentía cómodo sabiendo que ella le escuchaba, y que parecía entender y compartir su mundo. Y a su vez se interesaba por conocer el de ella.

Se hizo tarde, y decidieron volver a su habitación. Él abrió la puerta, dejándole pasar a ella primero, tan bella, tan elegante, tan luminosa con su abrigo blanco...Cuando entraron, ya no había mucho más que decir. Se miraron, se sonrieron, y empezaron a buscarse el uno al otro, despacio, pero con ansiedad.





Ella se quitó el abrigo, dejándolo caer al suelo, casi con rabia. Como si por fin junto con ese abrigo se despojara también de toda la prudencia y temor con que hasta ahora se había visto obligada a darse a su amante. Él correspondió al gesto y continuó desvistiéndola mientras besaba y acariciaba cada nuevo centímetro de piel que quedaba al descubierto, como si cada uno fuera un tesoro perseguido durante siglos. Quedaron por fin ambos desnudos, frente a frente. Y algún pequeño signo de rubor asomó al rostro de ella. Y el rostro de él...Ah! El rostro de él estaba absolutamente turbado por la belleza de su amada, tan serena su figura, tan cristalina su piel...Brillaba ahora incluso más que cuando su abrigo blanco reflejaba la intensa luz de la Primavera. Y ese rubor en los ojos y en las mejillas de ella, le enterneció tanto...

Se tendieron en la cama. Por fin, los amantes se pertenecían absolutamente. Él la acariciaba con tanto deseo y ternura, que ella temblaba y sentía que le quemaba, y le correspondía abrazándose fuertemente a él, como se aferra el moribundo a su último aliento. Él creía oír la más bella música, acompañando la danza de ella sobre él, y le decía con la mirada palabras de amor, que eran a su vez la música que a ella le incitaban a danzar...

La pasión lo invadió todo, arrasó con todo, lo incendió todo. Los amantes apenas tenían cada uno conciencia de sí mismo. Sentían que existían solo en el deseo del otro, en las caricias del otro. Sentían que cada uno existía, porque existía para el otro...Y entonces lentamente, empezaron a elevarse algunos centímetros sobre la cama, adheridos, y cada vez más perdidos el uno en el otro. Se elevaron más, y más. Y la habitación, el hostal, la ciudad entera, todo, comenzó a derrumbarse a su alrededor mientras ellos subían cada vez más alto. Ah! De una vez por todas, los amantes se habían deshecho de lastres de contextos, de conciencia, de razones y sinrazones, y habían levantado el vuelo. Ahora el mundo abajo ya no significaba nada, porque simplemente no se alcanzaba a verlo, estaban tan por encima de él, por encima de los burlados dioses, por encima de sí mismos...Volaban!

A la mañana siguiente un sol espléndido comenzó a asomarse a la habitación por entre las rendijas de la persiana. Él se despertó. Se sentía plenamente descansado, sereno, feliz. A su lado, su amada dormía aún. Durante un buen rato se dedicó a observarla. Estaba de lado y de espaldas a él, y las sábanas apenas le cubrían las piernas. La luz de la espléndida mañana que se colaba por la ventana creaba una penumbra en la que el color de su piel adquiría un tono especialmente dorado. Por fin, él la besó dulcemente en el hombro, y ella despertó también. Se giró, y al encontrar el rostro de su amado, sonrió. Un beso de buenos días, una sonrisa de buenos días.

Se vistieron, recogieron sus cosas, y después de un abundante desayuno emprendieron la vuelta aquel Domingo hermoso, incluso muy caluroso para las fechas que corrían.


Y llegaron a la ciudad de la que parecía que hacía un siglo que escaparon. Fueron hasta ese discreto sitio que habían decidido que era el más adecuado para que ella bajara del coche sin despertar suspicacias. Se miraron, y supieron que ambos estaban pensando lo mismo. Sí, ese era el final de la historia, ya no habría más encuentros ni fugas. ¿Qué sentido tendrían? Habían volado lo más alto que podían. Todo el edificio de su historia de amor había ardido, y se había derrumbado al igual que la habitación, el hostal y la ciudad debajo de ellos la noche anterior. No había otra salida para su historia de amor que aniquilarla dejándola arder, igual que la llama se extingue cuando no encuentra oxígeno. Y eso era precisamente lo que habían hecho, consumir su amor en un incendio de una noche, la única que tenían. Y es que los amantes, preferían una noche de violento fuego, que una eternidad de cálidas cenizas.

Ella se puso su abrigo. Él le acercó su bolso del asiento trasero. Una vez que ella bajó del coche, él le dijo a través de la ventanilla bajada:

-Oye, ¿Qué tal vas con el libro?
-Ya lo terminé- respondió ella- ¿Y tú?
-Aún no lo empecé...-dijo medio avergonzado- ¿Mañana te veo donde siempre?
-Supongo que sí.

Se sonrieron y mediante un gesto con la mano, se despidieron.

lunes, 29 de octubre de 2007

Aforismo


La belleza de una mujer que se sabe bella, es como la vida de quien ya supiera qué le depara el porvenir: Ambas pierden gran parte de su encanto.




miércoles, 24 de octubre de 2007

¿Te amé? (Seguimos con temática Octubre, ya queda poco...)




Quizás no fueras tú,

Sería el olor del aire frío de octubre,
sería aquella música,
sería que era un bonito día,
sería que fue una aún más bella noche...

Pero creo que te amé,

O tal vez amé aquel olor, aquella música,
aquel día, aquella noche...a través de tí.

Quizás no fuera amor, sino ganas de amar...

Pero,
¿Cómo no tenerlas?
Con aquel olor, aquella música,
aquel día, aquella noche...


A Leonor (es que ayer la ví en la tele...)

martes, 23 de octubre de 2007

Una triste noticia



Hoy me enteré de que el periodista Juan Antonio Cebrián murió el Domingo, a los 41 años.

He sentido mucho su muerte. Admiraba mucho su conocimiento, su manera de divulgarlo y comunicarlo, su curiosidad y su talante abierto pero riguroso.

Disfrutaba mucho de aquellas noches en la cama escuchando "La Rosa de los Vientos", hasta el final, sin la tensión del saber que tenía que dormir porque había que levantarme temprano, porque durante aquella época, no tenía ni que estudiar, ni que trabajar. Vamos, que no tenía nada mejor que hacer por las noches que aprender cosas sobre historia, ciencia, enigmas y fenómenos extraños de la voz de Juan Antonio y sus geniales colaboradores. Recuerdo especialmente los pasajes de la historia, que relataba magistralmente, con efectos de sonido y ambientación que, en la intimidad y oscuridad del dormitorio, hacían que pudieras casi ver a aquellos caballeros templarios, o casi estar en Normandía durante el desembarco...Y después, empezaba el "Esta noche o nunca", con el gran "Monaguillo"...¡Ah! Qué noches tan agradables aquellas. Tiene algo especial la radio, ¿verdad?

Un sentido recuerdo para él, pues, que seguro que anda agitado buscando la forma de, ahora que lo sabe, contarnos si hay y cómo es o no el más allá...